España deja de lado al Sáhara sin conseguir compromisos reales de Marruecos

España ha tomado la decisión más importante en política exterior de las últimas décadas: reconocer la propuesta marroquí para la autonomía del Sahara Occidental. El acuerdo, suscrito por países como Francia o EEUU, contempla que la ex colonia, pendiente de descolonización, se convierta en una especie de Comunidad Autónoma marroquí. La medida ha provocado la respuesta rápida de Argelia; principal valedor del Sahara Occidental y país del que España exporta la mayoría de su gas. Argel ha llamado a su embajador a consultas y está decidida a subir el precio del gas exportado a España como represalia. Lo más llamativo es que Madrid no ha conseguido compromisos escritos bilaterales de Marruecos, solo promesas.

Jose Manuel Albares, ministro de Exteriores del gobierno de España, afirmó el pasado viernes que la autonomía saharaui era una «base seria, realista y creíble» para solventar el problema. La antigua colonia española fue abandonada por el régimen franquista en 1975, cuando Marruecos organizó su ‘Marcha Verde’ para ocupar el territorio. Lógicamente, los saharauis nunca aceptaron esta medida y el asunto derivó en una guerra de baja-media intensidad entre el Sahara Occidental y Marruecos. España, que todavía figura como potencia administradora del territorio según la ONU; abandonó a los que eran sus compatriotas. Naciones Unidas, Argelia y el propio Sahara siempre apostaron por un referéndum de autodeterminación para solventar el conflicto, algo a lo que Marruecos se ha negado sistemáticamente.

La decisión fue criticada por todos los restantes partidos políticos, aliados o no del Gobierno. Desde la derecha llovieron reacciones previsibles: el PP criticó que el PSOE ni siquiera hubiera avisado al principal partido de la oposición. VOX se sumó a las críticas. Tampoco gustó nada a la izquierda del PSOE, con Yolanda Díaz calificando la decisión de «absoluto error» o Bildu, pidiendo «explicaciones». España, un país que tradicionalmente ha acogido a niños saharauis en verano y con fuertes vínculos hacia el territorio, mayoritariamente no ha entendido la decisión.

Un conflicto a tres bandas, fuera de los focos

En la actualidad, el Sahara está realmente dividido en dos zonas. Marruecos ha ocupado y controla gran parte de las fronteras formales del país, incluida la capital El Aiún. Detrás de un muro se encuentra el territorio de la República Árabe Saharaui Democrática, controlado por el Frente Polisario. Esta organización surgió para defender la independencia del Sahara Occidental y todavía sigue combatiendo. Salvando las distancias, podría ser una situación equiparable a la ocurrida en el Dombass desde 2014, con una guerra de trincheras interminable. Aunque las televisiones no informen masivamente de ello, el reino alauita se ceba con civiles saharauis.

La crisis hispano-argelina-saharaui-marroquí comenzó a fraguarse en marzo del pasado año, cuando el Hospital San Pedro de Logroño acogió a Brahim Gali, líder del Frente Polisario y aliado de Argelia. Esta acción no gustó nada a Marruecos, que organizó una rápida respuesta en forma de guerra híbrida, con la entrada masiva de más de 5.000 inmigrantes hacia la ciudades de Ceuta. Un salto multitudinario autorizado por las autoridades, que abrieron las vallas fronterizas. No es la primera vez que los gobernantes juegan con la desesperación de la gente para conseguir sus objetivos. Ya ocurrió en Turquía con los refugiados sirios y en Bielorrusia con los afganos.

Es conveniente tener en cuenta que Marruecos mantiene una política exterior ciertamente irrendentista respecto a varios territorios españoles. El reino quiere las dos ciudades autónomas y aunque más sibilinamente, también las Canarias y sus aguas territoriales. Sin embargo, Rabat también es un aliado estratégico para Madrid, en cuanto al control de la seguridad y la migración irregular. Mientras los sucesivos políticos españoles han proclamado su neutralidad, ‘off the record’ se han inclinado hacia Marruecos. Hay demasiados intereses económicos, estratégicos y geopolíticos que atan a ambos Estados. Por tanto, la decisión puede ser nueva en público, no así en privado.

Tampoco se puede olvidar el papel de Argelia en este conflicto. La relación entre Argelia y Marruecos no pasa, ni mucho menos, por su mejor momento. El pasado 31 de octubre, Argel cortó a Rabat su principal gaseoducto debido a «prácticas hostiles», afectando también a España. Ambos Estados se encuentran en una situación de escalada diplomática y militar. La guerra estuvo realmente cerca durante el pasado mes de octubre y la enemistad continúa en la actualidad…

Los riesgos del acuerdo y las razones estratégicas

Si España reconoce al Sahara como una autonomía marroquí, ¿qué ofrece a cambio Marruecos? Según el gobierno español, el «compromiso de respetar la integridad de Ceuta y Melilla» y la cooperación mutua reforzada en términos de seguridad y terrorismo. Los compromisos referentes a las ciudades autónomas no aparecen reflejados en los comunicados oficiales.

Rabat, fuerte diplomáticamente pese a tener un PIB 11 veces menor que el español; ha conseguido que España le suministre el gas previamente distribuido por Argelia. Esto permitiría a Marruecos saltarse el veto y provocará todavía más tensiones entre Argel y Madrid. En un caso extremo, un corte de suministro obligaría a España a buscar alternativas en el Gas Natural Licuado de EEUU, mucho más costoso.

En cuanto a las razones estratégicas, Madrid puede querer solventar sus problemas en África y centrarse en Europa, con la invasión rusa de Ucrania todavía en vigor. España desea influir más en la UE y la OTAN, en un contexto de guerra económica total contra Rusia y su entorno. Tras casi medio siglo, los políticos y diplomáticos quieren dar carpetazo al Sahara. Sin embargo, será difícil lograr la paz sin contar con los propios saharauis. Por tanto, será difícil que el desierto de Tinduf deje de tener influencia en la política nacional.

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