COMPARTIR CONOCIMIENTO. ¿VALE LA PENA?

Estoy seguro de que todos nosotros, en algún momento, nos hemos llegado a preguntar ¿Y si escribo? ¿Habrá alguien dispuesto o dispuesta a leerme? Esta ha sido mi pregunta durante los últimos años a la hora de valorar escribir un “post” de ámbito jurídico para cualquier blog en el que se me invitaba a colaborar. Aunque este tipo de preguntas han ido desapareciendo para dejar espacio a la pregunta de ¿valdrá la pena compartir este tipo de contenido?. Tanto en Instagram como en el resto de plataformas de compartición de contenido la efectividad de las publicaciones quedan, aparentemente, medidas en likes, número de shares y comentarios enlazados a cada publicación pero ¿es este el verdadero alcance de cada una de estas publicaciones? Decir que todo esto no importa sería mentir a cara descubierta pero también es cierto que tener un comentario positivo, un razonamiento o apertura de debate acerca del contenido de un post resulta casi tanto (o más) enriquecedor que un aumento de las estadísticas de una web o de una cuenta en una red social. No obstante, volvemos a retomar la misma cuestión ¿vale la pena compartir conocimiento? Mi respuesta es absolutamente afirmativa. A pesar de todas las aristas que pueden encontrarse a la hora de investigar los infinitésimos regímenes jurídicos y encajes normativos que se plantean ante cada caso, ante cada circunstancia o resolución analizada, sin tener todo esto en cuenta, con todo el trabajo que implica, la posibilidad de poder escribir sobre lo que nos gusta, sobre lo que nos apasiona, sobre lo que conocemos y sabemos de primera mano creo que supera con creces todos los obstáculos que pueden aparecer, y que desde luego lo hacen, desde la búsqueda de información más primigenia hasta el punto final de cada post o artículos. A pesar de no ser algo más allá que un mero artículo de opinión, invito a todas aquellas personas interesadas en el estudio de un ámbito jurídico (o no tan jurídico) concreto a azuzar las ascuas del interés, esa pequeña llama que tenemos todos dentro y que, de vez en cuando, no está de más agitar hasta conseguir un estallido flamígero de creatividad y motivación capaces de opacar cualquier crisol.  

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