Los intereses en juego en Ucrania: ¿qué quiere sacar Rusia de esta crisis?

Una OTAN encabezada por EE. UU., se ha topado con una Rusia que vuelve a fortalecerse en el plano internacional. Pero, ¿qué busca Moscú en este nuevo, o debería decir, no tan nuevo choque de intereses?

Una de las principales cuestiones a tener en cuenta de Rusia, es la propia idea de su inseguridad (self-awareness). Debido a sus condiciones geográficas, carentes de barreras naturales, y de verse rodeada por potencias, muchas veces, enemigas, Rusia, en el pasado, ha optado por una serie de alianzas o el establecimiento de una zona de “estados-tapón” (buffer zone) que le puedan garantizar su seguridad en caso de conflicto. Hasta el día de hoy contaba con una u otra opción pero con la Revolución Rusa y el viraje de este vasto imperio a los principios teóricos del comunismo, fue percibido como el enemigo ideológico y económico de Occidente, donde al frente iba la nueva potencia dominante, los EE. UU.

La Federación Rusa envió el 17 de diciembre de 2021 dos borradores de un tratado, en los que dirigía sus propuestas relacionadas con las garantías de seguridad, uno destinado a la OTAN y otro al gobierno de EE. UU. Estos difieren en algunos aspectos y poseen detalles importantes a examinar. Esta falta de coordinación puede ser fruto de un error o de una táctica negociadora para alentar la división. Pero primero establezcamos un esquema de las demandas que propone Moscú para profundizar más adelante en cada una de ellas.

  1. No expansión de la OTAN a países que antiguamente eran parte de la URSS con especial mención a Ucrania y Georgia
  2. No situar tropas ni armamento adicional, a los ya desplegados con fecha del 27 de mayo de 1997 en los Estados que antes de ese año no eran parte de la OTAN.
  3. No despliegue de misiles de corto y medio alcance en estos territorios.
  4. No realizar ninguna actividad militar en los territorios de Ucrania, países de Europa del Este, Sur del Cáucaso y Asia Central.
  5. Limitar los ejercicios militares en alcance, frecuencia y número.

Estas propuestas incluyen cláusulas que permiten una cierta flexibilidad entre las partes para la negociación y cooperación. Es el caso del punto que trata el no despliegue de tropas en los Estados incluidos en la OTAN posteriores a 1997, el cual está abierto a condiciones de excepcionalidad para su aplicación, sin embargo, no se detallan esas condiciones. También establece una primacía de métodos de resolución pacíficos como, consultas bilaterales y multilaterales para temas de seguridad, el establecimiento de redes telefónicas en caso de emergencia y el intercambio regular y voluntario de información relativa a maniobras y ejercicios militares, amenazas y desafíos que afecten a la seguridad de cada una de las partes con el objetivo de mejorar la transparencia y predictibilidad.

Las demandas rusas piden que se reafirmen los principios y valores recogidos en la Carta de Naciones Unidas, en el Acta Final de Helsinki de la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa de 1975 y en el Acta Fundacional de Relaciones Mutuas, Cooperación y Seguridad entre la OTAN y la Federación Rusa de 27 de mayo de 1997. Estos documentos junto con otros relativos al control de armas confeccionan el régimen actual en relación con la cooperación y la confianza mutua en materia de seguridad.

Los principios que recoge el Acta Final de Helsinki y que señala Rusia para el fortalecimiento de la seguridad son, respeto al derecho de soberanía, abstención del uso de la fuerza o amenaza, inviolabilidad de fronteras e integridad territorial, arreglo de controversias por medios pacíficos, no intervención en asuntos internos y respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales.

En el mismo, se redactan las medidas para fomentar la confianza y aspectos relativos a la seguridad y el desarme como, la notificación previa de maniobras militares importantes, como es el caso de ejercicios militares combinados con componentes navales o aéreos, así como otras de menor escala; intercambio de observadores a las maniobras militares, notificación previa ante movimientos militares importantes. También menciona cuestiones de desarme, pero no especifica ninguna medida concreta. Únicamente señala los esfuerzos necesarios para la distensión militar y desarme total.

El Acta Fundacional de 1997 propone otra serie de principios que van en la misma línea: bases para la transparencia entre la OTAN y Rusia, abstenerse del uso de la fuerza y amenaza, respeto de la soberanía, independencia e integridad territorial de todos los estados así como el derecho de cada uno de ellos a garantizar su seguridad, transparencia en la creación e implementación de doctrinas militares y policiales defensivas y prevención de conflictos y resolución de disputa mediante medios pacíficos.

Se establece el Consejo permanente de cooperación conjunta entre la OTAN y Rusia como mecanismo para atajar crisis y problemas de seguridad de manera conjunta. Las áreas de interés que se tratan en las reuniones aparecen detalladas en el mismo documento, destacando aquellas que tienen como objeto, la prevención de conflictos, problemas para estabilidad y seguridad en la zona Euroatlántica, el control de armas, la proliferación de armas nucleares y la transparencia, predictibilidad y confianza mutua relativa a las funciones y papeles de las fuerzas convencionales de la OTAN y Rusia, así como el dialogo entra las partes en lo que concierne información militar.

Las Acta Fundacional también se centra en cuestiones político-militares de alto nivel en las relaciones OTAN-Rusia, por ejemplo, la cuestión relativa a que la OTAN expresa no tener intención de desplegar armas nucleares en los territorios de nuevos miembros a partir de la firma del Acta (1997). Otra cuestión, es la referida al compromiso entre Rusia y la OTAN, para que reduzcan sus niveles de amenaza y despliegue de fuerzas en periodos de negociación que puedan suponer una reducción importante de la seguridad en Europa, en el marco del Tratado de las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa de 1990 (CFE, por sus siglas en inglés). En este mismo apartado señalan la relevancia de las obligaciones suscritas por el Documento de Viena (DV-2011 es el actualmente vigente) y de los principios que guían a la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). Se pretende que ninguna actividad militar, tanto por una como la otra parte, sea percibida como una amenaza o desventaja para la seguridad de ambas partes.

En lo relativo a la no expansión a territorios de exrepública soviéticas, como es el caso de Ucrania y Georgia, estos documentos no dicen nada. Putin afirma que en la última etapa de la URSS se le prometió a Mijaíl Gorbachov, ultimo jefe de estado de la Unión Soviética, que  la OTAN no realizaría una nueva expansión hacia el este. No obstante, nunca se recogió en ningún acuerdo internacional y las alusiones a este hecho están cuestionadas por ambas partes. Desde la década de los 90, se han sucedido cinco olas de expansión de la OTAN. Esta exigencia que realiza Rusia, quiere que esta vez aparezca por escrito en la firma de estas negociaciones.

En este contexto, Rusia señala el concepto de la indivisibilidad de la seguridad. Fue mencionado por primera vez en la Conferencia de la OSCE de 1992 en Helsinki y a partir de ahí en diversos textos emanados de este. El concepto describe una nueva conceptualización de la seguridad internacional, que evolucionó de 1945 a 1990. Desde una basada en la seguridad nacional de cada Estado, a una en donde la seguridad era garantizada por todos los Estados de la Comunidad Internacional. Esta última significa que un estado no puede garantizar su seguridad nacional en detrimento de la seguridad de otro Estado.

A este concepto hace referencia Rusia a la hora de afirmar que se encuentra amenazada por la creciente expansión euroatlántica, un principio que también puede ser alegado por otros países como Ucrania, para justificar su inclusión en la OTAN. Aquí nace el conflicto teórico, el cual, EEUU se ha dispuesto a redefinir junto con Rusia para alcanzar un entendimiento, pero siempre en un contexto de desescalada militar.

El despliegue de misiles de corto y medio alcance es lo que hace saltar las alarmas de Rusia. A medida que la OTAN se mueve hacia el este, los misiles que defienden Europa se sitúan más próximos a las fronteras rusas. Lo peligroso de esta situación es la escasa distancia y por consiguiente, el escaso tiempo por parte de Moscú de reaccionar.

Dependiendo del tipo de misil, estamos hablando que podrían alcanzar la capital rusa en apenas 5 minutos, no dando tiempo a una respuesta. Actualmente existen misiles de corto alcance en Bulgaria, Polonia y Rumanía, y lo que teme Rusia es la presencia de misiles de crucero con capacidad nuclear. Actualmente EE. UU. tiene desplegado armamento nuclear en Bélgica, Holanda, Alemania y Turquía. Este es uno de los aspectos clave, el control armamentístico, al que Washington se ha abierto a negociar siempre en el contexto de tratados previamente firmados con relación a esto, como el CFE, New START (busca limitar armas estratégicas nucleares con vigencia hasta 2026), u otros con amplio recorrido como el Tratado sobre Fuerzas nucleares de Rango Intermedio (INF en inglés) el cual, fue abandonado por EE. UU. y Rusia en 2019 por una nueva crisis relativa al despliegue de sistemas de misiles.

Por último, el respeto a los acuerdos de paz de Minsk de 2015, que buscan dar una solución pacífica al conflicto en desarrollo en el Donbas, Ucrania. La eficacia de estos acuerdos es muy cuestionable, pues es verdad no han conseguido ponerle un alto al fuego, pero sí, la no escalada del conflicto. El conflicto del Donbas es el principal punto caliente y es considerado como cuestión interna de Ucrania, sin embargo, los desencuentros geoestratégicos entre Rusia y occidente tensionan el conflicto.

Es por lo que Rusia exige el cumplimiento de los acuerdos, por un lado, para proteger a la población prorrusa de estas regiones, a quienes se dice que se han entregado más de 500.000 pasaportes rusos, ya que estos documentos exhortan el no despliegue total por parte del ejército ucranio y al intercambio de prisioneros; y por otro, para conferirles un estatuto especial con mayor autogobierno dentro de Ucrania. La aplicación de estos acuerdos también beneficia a Moscú en el hecho de que nada mencionan sobre la soberanía de Crimea, de esta manera, en caso de aplicarse, el marco legal que se constituiría aceptaría indirectamente la soberanía rusa de este territorio. Territorio que de facto está siendo administrado por Rusia.

Tanto la OTAN y Washington buscan dar una respuesta coordinada a las exigencias rusas que siguen sin satisfacer al Kremlin. Occidente se muestra abierta al dialogo, siempre que Rusia fomente la desescalada del conflicto, abriéndose la posibilidad de negociar ciertos aspectos de esas demandas, como puede ser el control de los misiles y la reinterpretación de la seguridad y como se esta viendo afectada por un lado y por otro. No obstante, tanto EE. UU. como la OTAN han señalado que la posibilidad de que nuevos países ingresen a la organización militar sigue abierta y el derecho soberano de un Estado a elegir como garantiza su seguridad. Esto último puede suponer el aspecto más conflictivo de las negociaciones futuras, donde las partes se muestran a favor de continuar la senda diplomática, pero dejando patente cuáles son sus divergencias.

Share this content: