Emprender o no, esa es la cuestión en la Abogacía española.

¿Emprender o no emprender? Esa es la cuestión en la Abogacía española.

El pasado 19 de mayo de 2022 se publicaron la lista de Admitidos y Excluidos a la Prueba de Acceso a la Abogacía que, finalmente, tendrá lugar el próximo 23 de junio de 2022. A escasos 25 días de su realización, muchos de mis compañeros del Máster de Acceso que están preparando la Prueba de Acceso se preguntan que van a hacer en caso de resultar aptos.

No son pocas las dudas acerca del futuro en el ejercicio de la profesión. Y tampoco es la primera vez que escuchamos a profesionales de la abogacía, con una larga trayectoria en el ejercicio de la profesión, comentar la situación tan difícil que atraviesa el sector.

Estos comentarios, a veces en forma de protesta, otras veces en forma de deseos de mejora recubiertos de preciados consejos para no caer en errores ya cometidos, nos generan un doble influjo. Por un lado, comparto la preocupación de mis compañeros para poder afrontar la Prueba de Acceso y la incorporación en el mercado laboral como futuros abogados y profesionales jurídicos mientras que, por otro lado, también navego por ese mar tan angosto y oscuro, plagado de dudas, de incógnitas, que, en último término se convierten en voraces remolinos que acaban por absorber la viabilidad de ideas comerciales ya fueran individuales como colectivas.

Pero, llegados a este punto, la pregunta es inexcusable ¿Y ahora qué? ¿Toca ponerse por cuenta propia?

Durante el Grado en Derecho y luego, ya en el Máster de Acceso a la Abogacía, si bien es cierto que obtenemos las nociones básicas sobre como trabajar y gestionar un despacho, también es importante destacar que no se nos dan las claves fundamentales sobre como poder generar cierto movimiento para atraer clientela.

Seamos claros, no siempre es posible alcanzar y fidelizar clientes provenientes de un entorno cercano. Y ni que decir tiene el esfuerzo que hay que hacer para salvar esa barrera inicial de entrada al sector que se erige frente a cualquier nuevo colegiado, esto es, la experiencia.

Para ser algo más precisos, si atendemos a los datos publicados por el Consejo General de la Abogacía Española, a 31 de diciembre de 2021, el número de colegiados en toda la extensión del territorio nacional, ascendía a un total de 247.197. Ahora bien, de todos ellos, solamente 154.314 son colegiados ejercientes.

Si hacemos una cuenta rápida, sería una proporción de 1 abogado ejerciente por cada 307 habitantes, un ratio a considerar a efectos de estudiar la posible saturación del mercado [1]. Y si, en nuestro caso, dirigimos la atención a La Rioja (con una población estimada de 315.811 habitantes[2]), observamos como este ratio queda fijado en un abogado ejerciente por cada 480 habitantes.

No dejan de ser cifras a tener en cuenta por los estudiantes del Máster habilitante para el acceso al ejercicio y para los compañeros que realizarán el mes que viene la Prueba de Acceso.

Pero como venía comentando, llegados a este punto, ante nuestros ojos se sitúa el angosto mercado laboral. El problema es saber si vamos a ser capaces de encontrar un patrón que esté dispuestos a formarnos, con una situación laboral digna y alejada de la precariedad o si, en otra situación, nos veremos abocados a la colecta de materiales para la construcción y diseño de nuestro bote con el que lanzarnos a las aguas.

Cada una de estas decisiones viene acompañada de dificultades y obstáculos adicionales. Ninguno de estos caminos es sencillo y, por supuesto, ninguna de estas decisiones es cómoda.

Y es que, al empezar a plantearme la realización de esta publicación, pude leer la nueva publicación de Raúl Herrera García, CÓMO MONTAR TU DESPACHO Y [SOBRE]VIVIR EN EL INTENTO, que provocó que me planteara, una vez más, la posibilidad de canalizar esfuerzos y observar si verdaderamente vale la pena iniciar la actividad profesional en el sector de la abogacía por cuenta propia una vez se ha finalizado la formación académica obligatoria.

Tal y como lo veo, no nos encontramos ante una bifurcación común. No es una división de caminos al uso en la que, tomemos el camino que tomemos, vamos a tener la seguridad de poder avanzar.

A riesgo de equivocarme, y haciendo acopio de experiencias de otros compañeros y de profesionales del gremio, las idas y venidas son una práctica mucho más común de lo que nos imaginamos. Casi tan común como la existencia de precariedad laboral para las nuevas incorporaciones al sector de la abogacía.

Pero, como decía, la realidad para las nuevas incorporaciones al gremio de la abogacía se dibuja como una separación de vías, paralelas en rumbo pero con una separación considerable.

Esta doblez implica que, por un lado, trabajar por cuenta ajena sea la vía más “óptima” para los que son y seremos nobeles en el sector mientras que, por otro lado, la idea de emprender sea una posibilidad a tener en cuenta.

Ambas opciones tienen sus ventajas y sus inconvenientes, decantando la balanza de cada uno por una u otra decisión pero, si algo es común en ambas posturas es la necesidad de prosperar en un mercado copado, un mercado con un alto nivel de competitividad y con una tendencia constante a la especialización pero sin dejar de lado la capacidad del abogado “generalista”.

¿Dónde queda el reto entonces? Desde luego que el reto no queda en la toma de decisiones, puesto que cada uno de nosotros somos los únicos en plenas condiciones para saber si uno u otro camino es viable, ya sea a corto, medio o largo plazo. El reto queda en ser lo suficientemente resolutivos para afrontar cuantos inconvenientes se presenten en la toma de esta decisión y en el camino.

Roma no se construyó en un día y dicen las buenas lenguas que la labor de un abogado ocupa toda una vida.

 


[1] Memoria 2021 publicada por el Consejo General de la Abogacía Española el 27 de abril de 2022, págs. 361 a 373. Recuperado de https://www.abogacia.es/publicaciones/abogacia-en-datos/memorias/memoria-2021/

[2] Datos recogidos de https://datosmacro.expansion.com/ccaa/la-rioja

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