¿Pueden Europa y España reducir su dependencia del gas ruso?

El estallido de la guerra y la invasión rusa en Ucrania han provocado grandes cambios en la política de la Unión Europea; pero sobre todo, ha repercutido directamente en los bolsillos de los consumidores. El sector energético es ya uno de los más perjudicados por el conflicto, particularmente en lo referido al gas natural. Según datos ofrecidos por el informe BF Statistical Review of World Energy 2021, Rusia es, de largo, el principal suministrador de Europa, vendiendo al Viejo Continente el 78% de su gas (184,9 miles de millones de metros cúbicos al año).


Sin embargo, la dependencia no es igual en todos los países. En el este de Europa, Ucrania y las repúblicas bálticas alcanza un 100%; mientras que en España, esta relación no llega al 10%. En el este y centro de Europa, Moscú tiene una posición de fuerza y por tanto, un arma geopolítica utilizada en anteriores ocasiones. Además, los gasoductos discurren por Ucrania de camino al resto de Europa y en los días anteriores al conflicto, ya se produjo la explosión de un gaseoducto en el Dombass.

El precio de los futuros holandeses TTF de gas natural se ha situado en 192,55 euros, un máximo histórico. La previsión es que pueda subir todavía más, si continúan las hostilidades en Ucrania. La respuesta de la UE al conflicto ha sido armar una batería de sanciones económicas a Rusia, con la exclusión de siete bancos del sistema internacional de pagos SWIFT y la congelación de activos del banco central ruso. Sin embargo, el gas y el petróleo han quedado fuera de estas sanciones, con el objetivo de que Europa tuviera asegurada su energía.

El problema es que en los círculos de poder del Viejo Continente y la OTAN se debate la idea de bloquear también la compra de gas (y petróleo) a Moscú. Por sí sola, esta medida suscita reacciones diversas en las principales potencias.

Alemania, como líder de la UE; se ha mostrado en contra de este veto. Se puede entender su posición, vista su dependencia con Rusia y su historial de relaciones con el territorio euroasiático. Sin ir más lejos, el ex canciller alemán Gerhard Schröder es ahora directivo de la petrolera rusa Gazprom

Pero pese a lo que podría parecer, Berlín ha cambiado su punto de vista con el nuevo liderazgo del socialdemócrata Scholtz. La suspensión del Nord Stream II; un proyecto de gaseoducto directo entre Rusia y Alemania, a través del Mar Báltico y evitando el territorio de Ucrania, lo deja claro. Sin embargo, el país teutón no puede permitirse en ningún caso aislarse de Rusia a corto plazo. De ahí su negativa.

Estados Unidos, por otro lado, es el más interesado en que se produzca este bloqueo, puesto que saldría totalmente beneficiado. Sin Rusia, Europa debería mirar más al Gas Natural Licuado de Washington, aunque desembolsando más dinero. Según Gas Industrial, España ya paga hasta un 40% más caro el gas procedente de EEUU que el de Rusia. Para transportarse más fácilmente, el GNL necesita volver a estado gaseoso a través de regasificadoras. En este último punto es donde España puede tener un papel importante.

– Países como Australia y Qatar han ofrecido enviar reservas adicionales de GNL a Europa.

Europa mira a España para reducir la dependencia del gas ruso

Con Europa decidida a reducir su dependencia de Rusia, la Península Ibérica es una excepción. España importa casi todo su gas desde Argelia y tiene la mayor capacidad de regasificación de toda Europa (35%, según datos del Gas Infraestructure Europe (GIF).  Así lo demuestra la reunión que Pedro Sánchez tuvo con la presidenta del parlamento europeo, Úrsula von der Leyen

-España posee seis plantas de regasificación en Barcelona, Cartagena, Huelva, Sagunto (Valencia), Mugardos (A Coruña) y Bilbao.

– Por contra, el país tiene un notable déficit de infraestructuras de transporte. Es decir, puede almacenar gas, pero no transportarlo por gaseoductos. Las únicas conexiones terrestres con Francia se encuentran en el País Vasco y en Navarra. También existe una vía importante por Cataluña, aunque se utiliza el puerto de Barcelona.

– La solución pasa por aumentar la capacidad de estas infraestructuras. En ese sentido, el proyecto Midcat pretende conectar España y Francia por Cataluña mediante un gasoducto. Acordado por España, Francia y Portugal y suspendido más tarde por cuestiones técnicas de los reguladores español y francés; el proyecto duplicaría la capacidad de transporte, de 8 miles de millones de metros cúbicos a 17.

España es un proyecto de futuro para capitalizar el gas natural en Europa, pero necesita instalaciones para convertirlo en realidad. Ello requiere acuerdos políticos y público-privados de calado. Sin embargo, un pequeño esfuerzo a corto plazo quizá suponga un beneficio a largo.

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