LA DENOMINACIÓN SOCIAL

Seguro que en más de una ocasión se nos ha planteado la duda acerca de un nombre ideal para una empresa. O quizá nos hemos planteado si acaso una mercantil puede tener el nombre de “La Pollería” más allá de un mero contrato de franquicia. Son preguntas que, en algún momento, o incluso partiendo de la mera curiosidad, nos han venido a la cabeza mientras pensamos como vamos a llamar a nuestro futuro despacho de abogados de éxito internacional. Tiembla Garrigues.

Precisamente en el post de hoy vamos a responder a una serie de preguntas que se nos pueden llegar a plantear, tanto a nosotros como a futuros clientes, acerca de la denominación social de una mercantil en constitución:

 

1º – ¿Qué es la denominación social?

La denominación social se corresponde con la identidad de una sociedad dentro del tráfico mercantil – la designación de la denominación ha de hacerse en los estatutos de la sociedad. Cada tipo de sociedad tendrá aparejada una denominación específica atendiendo a la forma que hubiera adoptado.

Por ejemplo; algunos de los ejemplos más típicos son aquellas sociedades que se constituyen como Sociedad de Responsabilidad Limitada y en cuya denominación figura las siglas “S.L”. o “S.R.L.”; o aquellas que se constituyen como Sociedad Anónima y que incluyen las siglas “S.A.” en su denominación más allá de la denominación que hubieran escogido.

Todo esto queda regulado, con carácter general en el artículo 6 del Real Decreto Legislativo 1/2010, de 2 de julio, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Sociedades de Capital (en adelante LSC), en los correspondientes artículos del Real Decreto 1784/1996, de 19 de julio, por el que se aprueba el Reglamento del Registro Mercantil (en adelante RRM) en las distintas secciones que tratan los tipos societarios y, finalmente, en los artículos 398 y siguientes del RRM respecto de la sección de denominaciones de sociedades y entidades inscritas.

 

2º – ¿Hay distintas clases de denominaciones?

Existen, a su vez, distintas clases de denominaciones (art. 400 RMM) que se corresponden con el tipo societario que se haya elegido. De esta forma:

    • Las sociedades anónimas y las sociedades de responsabilidad limitada pueden tener una denominación subjetiva o razón social, o denominación objetiva.
    • Las sociedades colectivas o comanditarias simples DEBERÁN tener una denominación subjetiva o razón social, en la que figurarán nombres y apellidos de todos o alguno de los socios colectivos, que irán acompañados de la expresión “y compañía” o la abreviatura “ y cía.”. Puede, a su vez, incluirse alguna denominación que haga referencia a las actividades incluidas en el objeto social.
    • Las sociedades comanditarias por acciones podrán tener una denominación subjetiva o razón social, al igual que las sociedades colectivas o bien una denominación objetiva.

Dicho esto, cabe aclarar que, denominación subjetiva refiere a la remisión que se hace dentro de la denominación a los sujetos que constituyen la sociedad en cuestión (cómo es el caso de las sociedades colectivas en las que los nombres y apellidos de los socios configuran la propia denominación societaria), quedando regulada en el artículo 401 del RRM. Asimismo, denominación objetiva vincula, en esencia, la denominación de la sociedad a las actividades que figuren dentro del objeto social, como indica el artículo 402 del RRM.

 

3º – ¿Es posible adoptar una denominación social de fantasía?

Las denominaciones de “fantasía” están vinculadas a lo que el RRM refiere como denominación objetiva, es decir, que no tiene relación alguna con la denominación de los sujetos sino con el objeto social contenido en los estatutos societarios, o bien, como dice el artículo 402 del Reglamento del Registro Mercantil, de fantasía.

A través de lo dispuesto en el artículo 402 del RRM podemos extraer dos puntos clave.

1º- La posibilidad que se da a los socios de amplificar la explotación comercial de la denominación de una sociedad más allá de la identificación clara con el objeto social contenido en los estatutos.

Por ejemplo: Que se utilice la denominación “IGLÚ” (S.L. o S.A.) para una mercantil que se dedique a la elaboración, distribución y venta de textiles inteligentes termoregulativos.

2º- En ningún caso podrá identificarse, como denominación objetiva, una actividad que no esté reflejada en el objeto social de la mercantil.

 

4º – ¿Se puede seleccionar, por tanto, cualquier tipo de denominación ?

El proceso por el cuál se viene a establecer la denominación de una sociedad no es algo que deba tomarse a la ligera, ya no solo por las implicaciones comerciales que va a tener para la mercantil una vez entre al tráfico sino porque tenemos que valorar que la identidad de la propia sociedad debe de hacerse valer dentro del sector en el que pretenda desempeñar sus actividades.

Para ello, el RRM dedica sus artículos 404 a 407 a exponer las prohibiciones en sede de denominación social que vendrían a ser las siguientes:

  • 404 RRM = Prohibición general, es decir, no podrán incluirse dentro de la denominación expresiones o términos contrarios a la Ley, a las buenas costumbre o al orden público.
  • 405 RRM = Prohibición de denominaciones oficiales, como aquellas denominaciones que hagan referencia a España, determinadas Comunidades Autónomas, provincias, administraciones públicas o Estados, entre otras. No obstante, los apartados 2 y 3 de este artículo incluyen excepciones a la prohibición de uso que resulta conveniente tener en cuenta.
  • 406 RRM = Prohibición de denominaciones que induzcan a error sobre la identidad de la mercantil, de la sociedad o sobre otras que ya se encuentren inmersas dentro del tráfico.
  • 407 RRM = Prohibición de identidad, que, básicamente, protege a las sociedades ya constituidas frente a aquellas de nueva constitución o inscripción que tengan una denominación idéntica.

Esta limitación pretende una doble protección, en favor de la empresa; para que ésta pueda ser identificable en el tráfico mercantil, y en favor de sociedades ya inscritas en el Registro Mercantil; para que no se vean privadas de uno de sus principales elementos de identidad como es su denominación social.

 

5º – Tengo la denominación ¿ahora qué debo hacer?

Es necesario, además de lógico, que antes de proceder a solicitar la inscripción de la denominación social consultemos si, a pesar de haber tenido en cuenta las consideraciones antes expuestas, la denominación que hayamos escogido está en uso.

Para ello, tendremos que solicitar al Registro Mercantil una nota simple de denominaciones que nos permitirá saber si:

  • Las denominaciones ya se encuentran inscritas por otras sociedades o entidades jurídicas.
  • Si las denominaciones se encuentran ya reservadas (mediante reserva de denominación, que se encuentra regulada en el artículo 412 RRM)

Por el contrario, si que es obligatoria la obtención de la certificación negativa de la denominación social, que consiste, grosso modo, en un documento que acredita la no existencia de una sociedad con la misma denominación dentro del Registro Mercantil, cuya vigencia será de tres meses (a contar desde la fecha de expedición, artículo 414 del RRM).

Una vez obtenida la certificación de que no figura registrada la denominación que se hubiera solicitado, con carácter provisional, ésta quedará registrada durante un plazo de seis meses. De no haberse procedido a la inscripción en el Registro Mercantil correspondiente en un plazo de seis meses desde que se hubiera producido la reserva de denominación (regulada en el art. 412 RMM), la denominación causará baja de la sección de denominaciones del Registro Mercantil Central.

Estas son algunas de las cuestiones más generales a la hora de abordar la elección de una denominación e identidad para una sociedad. Es necesario tener en consideración que la denominación, en la mayoría de las ocasiones, va a ser la “carta de presentación” de una empresa dentro del sector de actividad en el que se va a ver inmerso y, por tanto, ha de buscar la atención de los potenciales clientes. Por esto, entre otras razones, la elección de la denominación social es, junto a la concreción del objeto social, uno de los pilares fundamentales de la constitución de sociedades.

 

Share this content: