LA JUSTICIA NO ENTIENDE DE EDADES

Hace unas semanas se publicó en varios medios de comunicación la siguiente noticia; “Carolina Herrera, una malagueña de 24 años que se convertirá en una de las juezas más jóvenes de España.”[1]

Una noticia para celebrar, desde luego, pero también un zarandeo de las colmenas de las redes sociales. Obviamente, las respuestas eran de lo más variopinto teniendo como argumento principal la edad de Carolina.

“Con 24 años no se tiene experiencia de vida como para poder ser un buen juez”

“Como va a hacer justicia alguien con su edad? Si no ha vivido nada.”

Parece increíble que alguien pueda hacerse estas preguntas olvidando por completo la labor de estudio, constancia y dedicación que requiere la preparación de las pruebas selectivas para el acceso a la carrera judicial y a la carrera fiscal. A modo de ejemplo, muchos de los estudios que se han centrado en analizar la duración promedio de dedicación a la preparación de una oposición de este calibre han establecido una duración PROMEDIO de 4 a 5 años para aprobar el proceso selectivo y una EDAD MEDIA de los aprobados que se sitúa en los 29 años.

Roza el surrealismo más absoluto llegar a afirmar que “para impartir justicia hay que tener vivencias personales”. No, en absoluto de acuerdo con ello. Una persona que dedica 10 horas – o incluso más – a una formación de envergadura como es la que presenta una Oposición no necesita de “vivencias” que le doten de una suerte de sabiduría omnicomprensiva, para poder impartir justicia se ha de estar preparado para ello. Desde mi esquina considero que la Justicia no debe entender de edades como un elemento clave para entender que una persona acumula capacidad suficiente como para despachar Justicia. La formación es la clave y recuerdo, en absoluto se trata de un mero trámite. Estamos hablando de un esfuerzo que no tiene porqué acabar en una recompensa.

Confundir así vivencias con capacidad es algo común, a la vista queda la imposibilidad de encontrar un trabajo sin que se tengan en cuenta la experiencia como un requisito indispensable.

¿Dónde queda la formación? ¿Dónde queda ese supuesto proceso de adquisición de capacidades y competencias para especializarse en un determinado sector o nicho de mercado? ¿Cómo se pretende encontrar personas con experiencia en un sector determinado si no son los propios operadores los que den vías o mecanismos de entrada para adquirir ese tipo de experiencia?

Es la pescadilla que se muerte la cola, una y otra vez. Una paradoja constante que nos envía, una y otra vez, a la misma casilla de salida.

Así, por retomar el caso, parece que la experiencia y las “vivencias” priman – o han de primar – frente a una formación reglada continuada. Este tipo de consideraciones son dignas de ser encajadas en esa categoría de “cuñadismos” baratos que desprecian y minusvaloran el esfuerzo ajeno. Cuan grato sería alegrarse de contar con jóvenes profesionales tan especializados y con un recorrido futuro abierto a alcanzar el perfeccionamiento de algo tan importante como es nuestra Administración de Justicia.

[1] https://www.malagahoy.es/malaga/Carolina-Herrera-jueza_0_1646537323.html

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