Querido compañero, estas palabras son para ti.

El día de hoy pretendo salirme de la tónica general de los artículos y post que venimos publicando en Lato Sensu. Quiero salirme del tenor habitual de estas publicaciones para, en primer lugar, salvar las distancias con este entorno tan frío y distante, para ir más allá de la pantalla de un ordenador o de un smartphone.

Hoy no pretendo divagar sobre la importancia de una determinada doctrina jurisprudencial o sobre los motivos o fundamentos que llevaron a uno u otro Tribunal a decidir de esta o aquella forma sorbe un determinado asunto.

Me gustaría, por una vez al menos, poder llegar a todos – o al menos parte – de aquellos compañeros estudiantes, no solo del Grado en Derecho, sino en términos mucho más amplios, para recordar algo que debería normalizarse. Y es que errar es humano.

Vivimos en una Sociedad marcada por la inmediatez, por la celeridad, por la necesidad del “todo y del ahora” sin pararnos a pensar cómo es posible que todos estos procedimientos se lleven a cabo de una forma tan mecánica. Es normal que en algún momento de vuestras vidas, no solo como estudiantes, sino como personas, sintáis un nivel de frustración que, en muchas ocasiones, os lleve a tirar la toalla.

Como estudiantes, el nivel de presión que se apoya en nuestros hombros es considerable, una tensión que pende sobre nuestras cabezas como la espada de Damocles, esperando a que, en el momento de mayor flaqueza, la hoja caiga, rasgando toda fortaleza que pudiera hacerle resistencia por mínima que fuera.

Veréis, hace apenas un año terminé mi Grado en Derecho en la Universidad de La Rioja. No fue un camino fácil, contando además con un primer traslado de expediente. La verdad, estas primeras experiencias fueron un baño de realidad para una persona como yo, que tenía una imagen idealizada de lo que sería el Grado, nada más lejos de la realidad.

Sin llegar, en muchas ocasiones, a la mayoría de edad[1] se nos viene a exigir una decisión que, con total seguridad, cambiará nuestra forma de pensar y de actuar. No deja de ser la elección de nuestro futuro, tanto personal como profesional. Y repito, errar es humano.

En este punto me voy a permitir una anécdota personal.

Ya en Educación Secundaria Obligatoria (ESO) había decidido que quería estudiar Derecho ¿Para qué? Pues, como decía entonces, “para saber de leyes”. Pobre iluso de mi cuando, ya habiendo superado la PAU (que ahora se conoce como EBAU), me matriculé en el Grado en Derecho en la Universidad de Salamanca.

¿El resultado? Un niño asustado que desconocía el funcionamiento del mundo universitario y que se marchó a más de 300 kilómetros de casa para darse de bruces con la áspera realidad.

Con esto quiero sacar dos claves generales que se pueden aplicar a todos los estudiantes, seáis del Grado que seáis.

(1.) Equivocarse es parte del camino. Pero me refiero a equivocarse de forma continuada, no un error casual o aislado. Las personas, como seres humanos, como seres sintientes, razonamos pero también pecamos.

Si en algún momento del Grado tienes dudas sobre si tu elección ha sido la correcta, primero, nunca es tarde para tomar decisiones por muy contrarias que puedan parecer. Te animo encarecidamente a equivocarte pero con la condición de extraer siempre algo positivo de esos errores.

Cada error que cometemos no hace sino pavimentar nuestro camino.

(2.) El objetivo es formarte como profesional. En muchas ocasiones perdemos el foco y creemos que un Grado o cualquier formación se basa fundamentalmente en la obtención de unas notas perfectas. Una calificación perfecta demuestra que conoces la teoría pero, al menos en la labor profesional de un jurista, con la teoría en exclusiva no basta.

No obstante, cuidado con este punto pues tiene muchos vértices y puede llevar a error. Procedo a matizarlo.

A lo largo del Grado – como cualquier proceso formativo – hay que superar pruebas de evaluación cuyo objetivo principal es conocer el grado de obtención y retención de conocimientos y capacidades del estudiantes. Estos métodos de evaluación son variados y distintos entre sí de modo que, por su propia naturaleza, permitan comprobar el grado de capacitación competencial de cada uno de los estudiantes respecto de una materia concreta.

Pero, y he aquí un punto muy importante. Una calificación no debe ser reflejo de las competencias de una persona. Un número no define la capacidad de un estudiante o, al menos en opinión de este servidor, no debería utilizarse como método de gradación.

Compañeros, el mundo no acaba con los muros de la Facultad, el horizonte está mucho más allá. Formarse como un profesional es una labor de fondo, es un maratón con obstáculos de por medio, y es por esto precisamente que vuestro porvenir profesional va a depender exclusivamente de vuestra ambición, ansía de conocimiento y, sobre todo, vuestro interés. Y me permito aquí unas palabras de ánimo.

Todos y cada uno de nosotros hemos dudado en algún punto. Siempre hay un momento en el que las dudas te asedian y no te dejan continuar; siempre va a llegar la pregunta de ¿de verdad valgo para esto? La única persona que tiene respuesta a esa pregunta eres tú. Puede que suene a quote sacada de la portada de una libreta de Mr.Wonderfull pero, si algo tengo claro es que, con mayor frecuencia de lo que pensaba, unas palabras pueden ser pilares suficientes como para que una decisión pase de un estado endeble a sólida.

Las dudas y los errores son parte del proceso. Pero ahora es el momento de equivocarse. De aprender de estas caídas, vendarse, y seguir el camino. De memorizar cada paso, cada error y saber identificar el porqué de cada caída, que es casi o más importante que el seguir caminando.

Por todo esto compañeros, ahora que entramos en la recta final del curso, con los exámenes finales a la vuelta de la esquina, espero reconfortaros un poco y trasladaros algo de tranquilidad en estos tiempos tan convulsos y turbulentos. Perseverad, valdrá la pena.


[1] Artículo 240 del Código Civil; la mayor edad empieza a los dieciocho años cumplidos.

Con esto salvo la incorporación de contenido de índole jurídica a esta publicación y evito que el equipo editorial se cabree conmigo.

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