Relaciones exteriores de España: del aislamiento franquista a la multilateralidad (I)

España, oficialmente conocida como Reino de España; ocupa un papel no fundamental en la Unión Europea y discreto en lo que refiere a la política internacional.  Sin un sitio permanente en el G-20 (representado por la UE) y totalmente fuera del G-7, los sucesivos gobiernos españoles se han acercado a Europa y Estados Unidos como forma de aumentar su relevancia en el mundo. Tal y como bien explica Pedro Baños en su libro ‘Así se domina el mundo’, las potencias medias deben llegar a acuerdos; y en ocasiones, ceder espacio ante las superpotencias, para poder asegurar su integridad y su existencia.

En el caso de España, los inicios del siglo XX supusieron la decadencia de un Imperio desaparecido. Tras la pérdida de Filipinas, Cuba y Puerto Rico a manos de los Estados Unidos (1898), el país entró en una doble crisis: pérdida de importancia exterior y crisis de identidad interior. Fue la época del Regeneracionismo, con la sensación de que se había esfumado toda la grandeza anterior.

España decidió mantenerse al margen de la I Guerra Mundial y asistió al nacimiento del fascismo en Italia (1922).  Las tragedias no dejaban de sucederse en el territorio nacional. El desastre de Annual en Marruecos (1921) condujo a la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). La vuelta de Alfonso XIII a la monarquía no duró demasiado, ya que pronto se proclamaría la Segunda República (1931-1936).

Tras unos años de inestabilidad e intentonas de alcanzar el poder por diversos sectores, el fracaso del fallido golpe de Estado organizado por Franco, Mola y Queipo de Llano dio origen a la Guerra Civil (1936-1939 oficialmente, aunque la resistencia maqui se mantuvo activa hasta 1952). Es a partir de aquí donde empieza este humilde repaso a la política exterior española de los últimos 75 años.

De la autarquía al desarrollismo

Pese a vencer la Guerra Civil, los franquistas quedaron aislados de la diplomacia internacional, después de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Viéndose totalmente fuera del circuito de poder mundial, España se encaminó hacia una posguerra autárquica. Es decir, el país debía producir lo necesario para subsistir sin depender del exterior. Esta decisión condenó a la población a varios lustros de pobreza y miseria.

Concluida ya la II Guerra Mundial, la relación entre EEUU y la URSS se debilitó. Las diferencias ideológicas irreconciliables entre un Estados Unidos capitalista y una URSS marxista-leninista desencadenaron la Guerra Fría (1945-1990). A partir de ahí, la Conferencia de Yalta dividió el mundo entre las dos superpotencias, creando zonas de influencia. La frontera entre ambas, el Telón de Acero, partía Alemania y la misma Europa en dos.

En este contexto, España todavía seguía aislada y condenada por la comunidad internacional por asociación con el Eje Roma-Berlín-Tokio. Sin embargo, la política anticomunista del régimen franquista hizo a Washington empezar a considerar a España como un posible aliado. Y de esta forma, pese a no ser una democracia, ni respetar las libertades básicas, España pudo empezar el camino hacia la visibilidad en la política mundial:

1946: a iniciativa de Australia y México, la ONU aprobó la resolución 39 (Cuestión española), en la que se prohibió a España la entrada en la ONU por haber sido un “régimen fascista” y “aplazar la beligerancia hasta el momento adecuado”.

1950: la resolución 386 acordó abrir la puerta de la ONU a España en un futuro próximo y anular los acuerdos de 1946.

1955España entra de forma efectiva en la ONU. Con ello, accede al sistema de relaciones internacionales.

El ‘maná’ estadounidense como paso previo al desarrollismo

Tras la II Guerra Mundial, EE.UU lanza un ambicioso plan de reconstrucción de Europa (European Recovery Program, más conocido como Plan Marshall). La iniciativa supuso una inversión de unos 20.000 millones de dólares de aquella época, en países devastados como Francia, Italia, Alemania o Reino Unido. España quedó fuera de esta ayuda por su apoyo tácito a las potencias del Eje y su falta de libertad religiosa. Sin embargo, sí recibió posteriormente 800 millones en ayudas desde Washington, 500 de ellos a fondo perdido.

Gracias a ello, el régimen franquista pudo actualizar su industria y modernizar un país que había quedado muy atrasado tras los efectos de la Guerra Civil y su durísima posguerra. ¡Bienvenido Mr Marshall! El desarrollismo franquista marcaría las primeras bases del europeísmo y la mejora de relaciones internacionales. Eso sí, el camino hacia la recuperación de la democracia y los derechos civiles iba a ser todavía bastante largo… (continuará).

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